En marzo de 2021, el buque Ever Given encalló en el Canal de Suez y lo bloqueó durante seis días. El costo estimado en comercio detenido fue de aproximadamente 9.600 millones de dólares por día. Ese incidente —accidental, absurdo en su causa y enorme en sus consecuencias— fue también una demostración pedagógica perfecta de algo que los estrategas saben desde hace siglos: la geografía decide.
No toda la geografía. No de la misma manera en que decidía antes de los satélites, el transporte aéreo y el comercio digital. Pero las rutas por las que fluye el comercio físico —petróleo, gas, semiconductores, granos, contenedores— siguen pasando por una cantidad sorprendentemente pequeña de puntos de estrangulamiento. Y quien controla esos puntos tiene una palanca de poder que no aparece en ningún índice de capacidad militar pero que es igual de real.
Los puntos de estrangulamiento clásicos
Hay una lista corta de pasos marítimos cuyo cierre o interrupción causaría una crisis económica global: el Estrecho de Ormuz (Golfo Pérsico - Golfo de Omán), por donde pasa casi la mitad del petróleo del mundo exportado por vía marítima. El Estrecho de Malaca (Pacífico - Océano Índico), el paso más transitado del mundo en número de buques. El Canal de Suez y el Canal de Panamá, atajos artificiales que recortaron miles de millas de las rutas marítimas. El Estrecho de Bab el-Mandeb, que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén.
Estos no son solo datos de geografía física. Son datos estratégicos. La decisión de Estados Unidos de mantener la Quinta Flota en Baréin no es arbitraria: es la respuesta directa a la necesidad de asegurar el flujo por Ormuz. La presencia naval china en el Océano Índico —la llamada "collar de perlas"— es la respuesta a la vulnerabilidad de sus rutas de suministro energético que pasan por esos mismos estrechos.
Un estratega del siglo XIX miraba un mapa y veía cordilleras y ríos. Un estratega del siglo XXI mira el mismo mapa y ve flujos: de petróleo, de datos, de contenedores, de capital. La geografía no ha desaparecido. Ha adquirido nuevas capas.
Los cables submarinos: la infraestructura invisible
La mayor parte de la gente imagina que el internet viaja por satélites. No es así. Aproximadamente el 95% del tráfico internacional de datos —incluyendo transacciones financieras, comunicaciones gubernamentales y datos militares— viaja por cables de fibra óptica que yacen en el fondo del mar. Hay más de 400 sistemas de cables activos que conectan los continentes, con puntos de aterrizaje en una cantidad relativamente pequeña de ubicaciones costeras.
Esas ubicaciones son vulnerables. Los cables se pueden cortar —accidentalmente, por anclas o terremotos, o deliberadamente. En 2022, los cables submarinos cerca de las Islas Svalbard fueron cortados en circunstancias no aclaradas. En 2024, cables en el Mar Rojo fueron dañados en el contexto del conflicto yemení. El debate sobre la protección jurídica de los cables submarinos como infraestructura crítica global es uno de los más urgentes del derecho del mar contemporáneo.
La Belt and Road Initiative: geografía como estrategia declarada
La Iniciativa de la Franja y la Ruta china es, entre otras cosas, la mayor inversión deliberada en geografía estratégica de las últimas décadas. Puertos, ferrocarriles, oleoductos y carreteras que buscan reducir la dependencia de China de los puntos de estrangulamiento marítimos —especialmente el Estrecho de Malaca— y construir rutas terrestres alternativas hacia Europa, Asia Central y África.
El puerto de Gwadar en Pakistán, los puertos en Sri Lanka, en Grecia, en varios países africanos, no son solo inversiones económicas. Son posiciones estratégicas en un tablero geopolítico que se juega en décadas, no en trimestres. La respuesta occidental —con iniciativas como el G7 Partnership for Global Infrastructure and Investment— es el reconocimiento de que la competencia por infraestructura es también competencia por influencia.
Leer el mapa hoy
Entender las rutas comerciales no requiere ser almirante. Requiere hacer tres preguntas sobre cualquier crisis internacional: ¿qué flujos físicos están en juego? ¿por dónde pasan? ¿quién tiene capacidad de interrumpirlos o depende más de que no sean interrumpidos? Esas tres preguntas, aplicadas sistemáticamente, revelan una capa de la geopolítica que los análisis centrados solo en ejércitos, diplomacia o economía suelen pasar por alto.
El conflicto en el Mar Rojo en 2023-2024, con ataques hutíes a buques comerciales, se volvió un asunto de seguridad global en parte porque afectó el tráfico por Suez. Las tensiones en el Estrecho de Taiwán son, entre otras cosas, una disputa sobre quién controla un corredor por el que pasa buena parte del comercio entre el Pacífico y el este de Asia. La geografía no determina todo. Pero quien la ignora, pierde.
Los porcentajes de tráfico comercial por puntos de estrangulamiento corresponden a datos de la Energy Information Administration (EIA) de EE.UU. y del Foro Económico Mundial. Los datos sobre cables submarinos provienen de TeleGeography. Las cifras sobre la BRI corresponden a informes del Green Finance & Development Center (GFDC).