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Opinión· Guía· 5 min de lectura·Junio 2026

Estudiar derecho internacional sin morir en el intento

Una carta a quien empieza: por dónde entrar, qué leer y cómo no perderse en el camino.

Hay un momento específico en el primer año de derecho internacional en que la mayoría de los estudiantes siente lo mismo: la sensación de que el campo es infinito, que todo es fuente, que cada concepto lleva a diez más, y que cuanto más se lee más pequeño se siente lo que uno sabe. Es una sensación honesta. Y es también, aunque no lo parezca, una buena señal.

Esta es una carta para ese momento. No una guía académica exhaustiva —esas abundan— sino un mapa de orientación para no perderse en los primeros kilómetros.

El derecho internacional no se aprende de una vez. Se aprende en espiral: la segunda vez que lees la CONVEMAR entiendes cosas que la primera vez no podías ver porque no tenías el contexto. La disciplina recompensa la paciencia.

Primero: entender qué tipo de sistema es

El error más frecuente al empezar es buscar en el derecho internacional lo que tiene el derecho nacional: un código claro, un tribunal supremo, una policía que ejecuta. El derecho internacional es otra cosa. Es un sistema descentralizado, construido sobre el consentimiento de los estados, donde la costumbre cuenta tanto como los tratados, y donde la frontera entre el derecho y la política nunca es nítida.

Esto no es una debilidad del campo. Es su naturaleza. Y entenderlo al principio evita años de frustración con lo que el derecho internacional "debería" ser capaz de hacer.

Las fuentes: dónde vive el derecho

El artículo 38 del Estatuto de la CIJ lista las fuentes del derecho internacional: tratados, costumbre internacional, principios generales del derecho, y como medios auxiliares, la jurisprudencia y la doctrina. Aprende ese artículo de memoria. No porque vayas a recitarlo en un examen, sino porque organiza toda la disciplina.

Los tratados son los más visibles —la CONVEMAR, la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, la Carta de la ONU— pero la costumbre internacional es igualmente vinculante y mucho más difícil de rastrear. Requiere demostrar práctica estatal consistente más opinio juris (la convicción de que esa práctica es jurídicamente obligatoria). Ese doble elemento es uno de los conceptos más discutidos de toda la disciplina.

Art. 38
del Estatuto de la CIJ: el catálogo de fuentes del derecho internacional que estructura toda la disciplina
1969
Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados: la gramática del derecho internacional convencional
1945
Carta de la ONU: el documento constitucional del orden internacional contemporáneo

Qué leer primero — sin ahogarse

La tentación es empezar con los manuales más voluminosos. Resiste esa tentación. Para el primer año, tres textos hacen más que veinte: la Carta de la ONU (léela completa, no es tan larga), la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados (especialmente la parte sobre interpretación), y algún manual de introducción que te guste como texto, no como enciclopedia. Malcolm Shaw, James Crawford o Antonio Cassese son opciones sólidas con estilos distintos.

Después, sigue a los casos. La CIJ produce decisiones que son, además de derecho, relatos de cómo los estados se comportan y cómo el derecho trata de ordenar ese comportamiento. El caso Nicaragua, el caso del Canal de Corfú, la Opinión sobre Kosovo. Cada uno enseña más sobre cómo funciona el sistema que diez capítulos de manual.

Los errores que cuestan tiempo

Creer que memorizar tratados es saber derecho internacional. No lo es. Los tratados son el punto de partida, no el destino. Lo que importa es saber interpretar, relacionar y argumentar con ellos.

Ignorar la política. El derecho internacional existe en un contexto político que no puede ignorarse. Un análisis puramente doctrinal sin contexto geopolítico suele llegar a conclusiones correctas en abstracto e inútiles en la práctica.

Estudiar solo en español. El campo vive en inglés y, en menor medida, en francés. Los artículos más influyentes, la jurisprudencia más importante, las oportunidades más relevantes —todo ocurre principalmente en esas lenguas. Cuanto antes se integra el inglés académico al hábito de lectura, mejor.

Una última cosa

El derecho internacional es una de las pocas disciplinas donde todavía es posible hacer contribuciones genuinas sin necesitar un laboratorio ni un presupuesto enorme. Un buen argumento, bien construido, con fuentes bien elegidas, puede cambiar cómo se interpreta una norma o cómo se entiende un caso. Eso no se enseña en ningún manual. Pero se aprende, con el tiempo y con práctica, exactamente así: empezando.

OpiniónEducaciónDerecho InternacionalGuíaEstudiantesRecursos

Las referencias bibliográficas mencionadas —Shaw, Crawford, Cassese— son manuales estándar en programas de posgrado internacionales. Las fuentes primarias (Carta ONU, Convención de Viena) están disponibles en las bases de datos oficiales de la ONU (un.org, legal.un.org).

Sobre el autor
Equipo de Orbis Iuris
Análisis · Derecho Internacional · Relaciones Internacionales · Geopolítica

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